La Mar de Historias

Blogs / Escritura creativa

Escritura creativa: Creación de personajes

La creación de buenos personajes es, quizá, uno de los puntos más importantes a la hora de planificar una historia. Puedes tener un mundo increíble y muy bien pensado, pero si los personajes son malos el libro va a ser aburrido. Quizá, si la trama es muy buena ésta pueda entretener lo suficiente como para que el lector pase por alto personajes mediocres, pero, aún así, no hay nada como un personaje con el que poder identificarse, al que querer o al que odiar. De hecho, si os fijáis, es muy común cuando se habla de un libro mencionar de las primeras cosas los personajes que más han llamado la atención.

     Lo importante a la hora de crear personajes es ser capaz de hacerlos realistas de manera que el lector pueda empatizar con ellos. Si el lector no empatiza, no le va a importar lo que le pase y, por lo tanto, no le va a interesar su trama. Si yo pongo en el primer capítulo a un personaje que muere, esa muerte no le importa a nadie porque no conoce al personaje. Si el lector ha acompañado y conocido a un personaje durante un tiempo, y ese personaje muere, el lector sentirá pena o rabia (o incluso alegría, si era un personaje al que se le tenía odio).

     Otro factor a tener en cuenta son los estereotipos. Hay que tratar de huir de ellos todo lo posible. Es cierto que a veces gustan, pero se debe tener mucho cuidado cuando los utilizas porque pueden hacer que la gente no adquiera interés en ese personaje ya que lo ha visto en otras mil historias antes.

    Tampoco se puede olvidar que el personaje está metido en un entorno: lo que ocurre a su alrededor le afecta. Es decir, si hacéis que pasen cosas, el personaje debería reaccionar a aquello que pasa, no puede simplemente ignorarlas y seguir a lo suyo. Otra cosa que no deberíamos olvidar es que el personaje principal no es el único que existe: el resto de personajes también tienen que tener una personalidad y reaccionar a lo que ocurre. Incluido el malo. ¿Es malo porque sí? ¿Sencillamente le apetece matar mucha gente porque eso está mal y él es malo? No; necesita motivaciones, razones y pensamiento propio con el que incluso puedes llegar a empatizar (estés de acuerdo con él o no). Un malo que es simplemente malo es aburrido. De hecho, el malo puede incluso caer bien: se puede jugar con las historias de «enemies to lovers» o con un arco de redención.

    Con todo esto hay que tener cuidado porque estos cambios tienen que ser creíbles. Un personaje que es malo o que nos cae mal no puede convertirse en el mejor amigo del protagonista en una tarde. Un muy buen ejemplo de cómo hacer un arco de redención puede verse en la serie Avatar: La leyenda de Aang, con el personaje de Zuco. En la primera temporada, es uno de los principales enemigos del protagonista, durante la segunda temporada se va dando cuenta de las consecuencias que tiene todo lo que ha hecho y lo pasa mal por ello. Una vez ha pasado por este largo proceso, en la tercera temporada va a pedir perdón al protagonista y le ofrece su ayuda. Pero incluso aquí el protagonista le rechaza y no se fía de él durante un tiempo. Los escritores de esta serie llevaron muy bien el cambio del principal enemigo a un aliado, hasta el punto de que es uno de los personajes favoritos de mucha gente.

 


    ¿Cómo creo un personaje?

 

    Bueno, pero entonces, ¿cómo hago para crear un personaje y que no sea plano?

    Un error que suelo ver en escritores nóveles es que todos sus personajes son una copia del otro, cualquiera de los personajes principales podría hacer o decir las frases de los otros. Como escritor necesitas pensar en si tu personaje es amable, o nervioso, o egocéntrico, etc, y tenerlo en cuenta siempre que le tengas que hacer reaccionar sobre algo. Cada personaje tiene su propio punto de vista de las cosas y eso hará, también, que la forma en la que lo escribas cambie. Es decir, pongamos que estás escribiendo una escena donde un hombre tose, coge una botella de agua y bebe. Si estás escribiendo desde el punto de vista de ese hombre, puedes escribir que tenía la garganta seca, lo que le hace toser, ve la botella y piensa en lo bien que le puede venir un trago. Si estás escribiendo desde el punto de vista de otro personaje que está observando esa escena, y es un maníaco de los gérmenes, puedes poner que ve al hombre toser y luego beber de la botella, lo que le hace pensar en el asco que le da la cantidad de gérmenes que estará dejando en la boquilla. Otro elemento a tener en cuenta no es solo su personalidad, sino también sus propios recuerdos. Por ejemplo, si yo entro en una cafetería que suela frecuentar con mis amigas, me puedo acordar de ellas y sonreír. Si otra chica entra en esa misma cafetería pensará en otras cosas: quizá fuese ahí donde lo dejó con su novio y eso la pone triste.

Tenemos que tener cuidado con caer en hacer que el personaje actúe como lo haríamos nosotros, lo cual a veces no es fácil. Por ejemplo, si tú entraras en una habitación y vieras a una amiga llorando, quizá irías donde ella a preguntarle qué le pasa, le darías un abrazo, etc. Si tienes un personaje que es amable y empático, esa sería la reacción normal, sin embargo, si tu personaje es poco empático y egoísta, es posible que no interactúe con la chica llorando, o incluso que le eche una reprimenda por estar así.

    A la hora de hacer esto ayuda mucho tener bien claros cuáles son los rasgos del personaje, pero no solo sus gustos, sino también su personalidad y forma de ser. ¿Cómo de competente es? ¿Es un personaje odioso o no? Jugando con estos baremos puedes crear personajes muy interesantes. Por poner un ejemplo de un personaje bien construido, pongamos a la profesora Umbridge, de Harry Potter. Es una señora hecha para caer muy, muy mal, pero a la vez es un personaje muy proactivo, algo que también es importante. No es simplemente “mala”, tiene sus ideas y hace las cosas que hace por sus propias razones. Pero, además, sus actos son algo que también mueven la trama, en vez de ser un personaje que se deja llevar por la trama. Eso le da relevancia e importancia dentro de la historia, ya que un personaje que es llevado por la trama se convierte en un personaje aburrido.

    Para conseguir que un personaje sea proactivo hay que saber jugar con diferentes capas de la trama. Pongamos el ejemplo de Mulán, de Disney. La trama dice que China está en guerra y que su padre debe ir a combatir. No dice que ella deba ocupar su lugar, eso es una elección que toma ella como personaje, es una decisión proactiva. Una idea con la que jugar para lograr personajes proactivos es preguntarse qué quiere el personaje y qué hace para conseguirlo.

    También es necesario que hagamos que los personajes no siempre consigan lo que quieren. Si no, la historia sería muy aburrida. Tenemos que ponerles piedras en el camino o, incluso, evitar que las cosas les salgan bien. Un muy buen ejemplo de esto es G.R.R. Martin en Juego de Tronos; su historia ha tenido mucho éxito porque nunca sabes cuándo un personaje va a conseguir las cosas y cuándo no.

 


    Realismo: fallos y desventajas

 

    Como hemos dicho antes, los personajes necesitan tener fallos y cosas que se les dan mal. Si no, no quedarán realistas. Hay que recordar que los fallos son humanos. Un personaje puede tener rasgos malos y que aun así que el lector siga queriéndole, ya que eso se compensa con los rasgos buenos que le pongamos. Por ejemplo, podemos crear a un personaje que sea poco capaz, pero que se empeñe en intentarlo una y otra vez hasta mejorar, lo que hará que el lector empatice con él y le caiga bien. Si, al contrario, ese personaje fuera un vago, entonces podría caer mal por resultar un inútil que no se molesta en hacer nada. Pero eso no significa que no se podría hacer al personaje así y que, a la vez, cayera bien. Por ejemplo, si fuera un vago y un inútil pero fuera amable, ayudara a otros personajes y tuviera sentido del humor, seguramente caería bien. Como hemos visto, hay que tener en cuenta siempre los fallos y las cosas buenas de cada personaje.

    Debemos diferenciar, sin embargo, entre fallos y desventajas. Un fallo es un rasgo de la personalidad o una falta de habilidad en cierto ámbito. Es decir, algo en lo que el personaje puede trabajar en cambiar. El lector esperará que los personajes intenten arreglar sus fallos o, al menos, éstos les pasen factura de alguna manera si no los han cambiado.

    Una debilidad es algo que el personaje no puede mejorar, algo que no puede superar. Por ejemplo, puede ser que al personaje le falte una mano, o que tenga cierto código moral que no va a cambiar, o una religión, o algo que valora por encima de todo. Son elementos que forman parte de él y que no ve como cosas «mejorables».

    Un fallo sería, por ejemplo, ser arrogante o tímido. Una debilidad sería que tus tutores legales sean tus tíos y te tengan viviendo en la alacena bajo las escaleras. Las debilidades, por otro lado, no tienen siempre por qué ser al 100% negativas. A Harry, vivir con muggles le ayuda a saber sobre su mundo y comprenderlos, por mucho que odie a sus tíos.

 


    Diferentes métodos de creación de personaje.

 

    Como todo en escritura, hay muchas formas de hacer las cosas y cada escritor elige la que más le guste, pues todas son igual de válidas.

    Uno de los métodos que muchos escritores usan es el conocido como método Dossier, el cual consiste en crear fichas de información de cada personaje. Esto les sirve tanto para hacer un personaje como para tener un lugar donde consultar información acerca del personajes que han creado hace tiempo y cuyas características pueden no recordar bien.

    Estas fichas pueden contener cualquier tipo de información que se crea necesaria. Es algo completamente personalizable. Normalmente se escriben cosas como información básica, descripción física y personalidad. A esto se le pueden añadir creencias, magia, habilidades, etc.

En este link encontrarás una versión prototipo básica: Ejemplo del método Dossier.

Otro método para descubrir cómo es un personaje, siguiendo un poco la misma idea que la del dossier, es hacerle preguntas al personaje y ver qué responde, o ponerlo en situaciones imaginarias y ver cómo reacciona. Voy a poneros un ejemplo de situación imaginaria que podéis plantear para descubrir cosas de un personaje:

Imagina que tu personaje lleva mucho tiempo fuera de su casa y acaba de volver: ¿qué se encuentra? ¿A quién se encuentra? ¿En qué se fija? ¿Qué ve? ¿Qué siente y qué piensa?

    Cualquier tipo de respuesta que quieras saber sobre un personaje, no tienes más que intentar preguntárselo a él. Puede ser cualquier cosa. La forma de crear personajes de algunos autores, incluso, se basa en hacerles una «entrevista» llena de cualquier tipo de preguntas: ¿Cuál es tu comida favorita? ¿Tu primer beso? ¿Qué admiras? ¿Qué quieres en tu vida? ¿Qué deseas y por qué no lo tienes? ¿En qué has trabajado a lo largo de tu vida? Etc.

    También se puede hacer una única pregunta e imaginarse, en vez de una respuesta corta y concisa, el posible discurso que el personaje te respondería ante algo así. Por ejemplo: ¿Qué opinas de la vida?

    Hay otros autores que crean sus personajes jugando a rol, y después los llevan al papel tras haberse pasado horas conociéndolos. Este tipo de creación de personajes les vienen muy bien a los escritores que son brújula (escritores que van creando la historia mientras escriben en vez de tenerlo todo planeado de antemano).

    Otra forma de crear un personaje es hacerlo pensando en el conflicto que pueden generar cambiándolo su rol. Es decir, cogiendo un rol e imaginándose qué ocurriría si colocara ahí al personaje que menos encajara en él. Por ejemplo: ¿Y si el mentor sabio fuera el antagonista? ¿Y si el amigo gracioso fuera en realidad el elegido?

    Derek Landy hace esto muy bien en su serie de Skulduggery Pleasant: Nos presenta a Omen Darkly, un chico al que nada se le da bien y cuyo hermano está predestinado a salvar el mundo. Sin embargo, el protagonista de la historia es él y su hermano solo sale de fondo.

    Imaginar estas cosas «locas» no tiene por qué ser la forma de crear un personaje, pero puede dar ideas para hacerlo. No tienes que seguir al 100% la idea que tengas, pero sí te puede inspirar un personaje o incluso una trama. Es decir, esto es una buena forma de hacer brainstorming.

 


    Aspectos importantes del personaje

 

    Para crear la trama de una historia puedes comenzar teniendo la idea de un personaje. Debe ser un personaje que tengas bien planteado: quién es, características, entorno, qué quiere. Una vez sepas esto, tienes que plantearte ¿por qué no puede conseguir lo que quiere y qué puede hacer para tenerlo? ¿Le sale bien o le sale mal?

    Los puntos importantes que hay que tener en cuenta y que te ayudan a poder saber quién es, qué hace y cómo describe las cosas son: su pasado, sus relaciones, sus obligaciones, sus motivaciones y sus sensibilidades. No os olvidéis de los personajes secundarios: un personaje sin motivaciones propias es un personaje plano y aburrido, incluso los secundarios. También hay que desarrollarlos y pensar en las cosas que quieren y que van a hacer, para evitar que “estén por ahí de fondo para el protagonista”.

 


    Mostrar vs. Contar

 

    Todo esto que hemos tratado hasta ahora sirve para poder crear personajes realistas: para que nosotros, como escritores, entendamos cómo ven y sienten las cosas los personajes y cómo reaccionarían a ellas. Esto hará que evitemos dos de los errores más típicos en escritura: forzar a los personajes para que se adapten a la trama, y contar en vez de mostrar.

    Veamos ambos problemas por separado.

    El primero consiste en obligar a un personaje a hacer algo que ese personaje no haría. Esto sucede cuando tú tienes pensado qué es lo que va a ocurrir y quieres que el personaje se comporte de alguna forma concreta. Esto es un error pues, si el personaje, en ese momento o situación no actuaría así, al lector le va a chirriar. Para ilustrar esto os pondré dos ejemplos, uno incorrecto y otro correcto:

    Incorrecto: Pongamos que queremos escribir una historia de un grupo de amigos en Japón. Uno de los personajes es una chica joven que no tiene ningún tipo de interés por Japón y que sabe que tiene una enfermedad terminal. Ella quiere mucho a su familia, pero nosotros queremos que se vaya a Japón, conozca a los otros y se quede allí con ellos. Hacemos que vea un vídeo sobre Japón y decida, repentinamente, que le apetece conocer ese país. Sin embargo, su familia nos resulta un estorbo, así que hacemos que la chica «se escape» y se coja un vuelo sin decir nada. Después conoce al resto de personajes y decide quedarse allí con ellos. Al final, la chica se muere por su enfermedad. Esto no es realista porque un personaje que quiere mucho a su familia y que sabe que le queda poco tiempo no abandonaría a su familia de una forma así.

    Correcto: En Juego de Tronos, Martin nos presenta a un personaje cuyo objetivo es ir a Poniente (Daenerys). Por los acontecimientos, el personaje acaba asentándose en el lugar donde está. Llegados a este punto, se le presentan diferentes oportunidades de irse a Poniente, pero ella las rechaza todas. Martin explicó que, a pesar de que él tenía pensado que el personaje se fuera ya hacia Poniente, una vez se puso a escribirlo el personaje se le rebeló: vio que ella no dejaría todo lo que había construido de lado para irse a otro continente, lo cual le obligó a continuar su historia por ahí y ver de qué manera Daenerys acababa volviendo a Poniente todo un libro después.

    Es normal que un personaje se «rebele», eso ocurre cuando el escritor lo tiene bien construido y, llegado el momento de querer moverle dentro de la trama, se de cuenta de que eso choca con lo que realmente haría el personaje y tenga que hacer un cambio de planes o reconducirlo por otro lado.

    El segundo error es el de contar en vez de mostrar. Esto es más fácil de explicar poniendo un ejemplo. Pongamos que tengo un personaje, la Señora X, y yo quiero hacerle ver al lector que es muy nerviosa. Tengo dos formas de hacerlo. Puedo contártelo: “La señora X era una mujer muy nerviosa”, o puedo mostrártelo “La señora X no dejaba de dar golpes en el suelo con su zapato, se paseaba de un lado al otro y se pasaba un pañuelo por la frente distraídamente”.  Esto hace que el personaje quede más realista, que el lector se dé cuenta de cómo es en vez de que se lo estés explicando. Este problema ocurre mucho cuando queremos hacer un personaje gracioso, astuto o muy inteligente, porque es el propio autor quien debe ser gracioso, astuto o inteligente. Es decir, es más fácil mostrar que un personaje es amable, a que es inteligente, porque para lo segundo deberíamos hacerle decir cosas muy inteligentes. Muchos libros, simplemente, te dicen que ese personaje es sabio y sabe muchas cosas, y lo dejan ahí, pero ese personaje no calará tanto en el lector si luego no demuestra ser tan sabio.

    Esto no significa que siempre tengas que evitar contar. A veces es necesario, sobre todo porque hace que puedas enseñar las cosas de una forma más rápida. Contar vs. Mostrar también sirve dentro de la trama: Yo te puedo contar que la Señora X hizo un examen, o yo te puedo narrar cómo la Señora X entró en un aula, se sentó en un pupitre, al lado tenía a un señor vestido de amarillo, le dieron una hoja, sacó su bolígrafo y respondió el examen. La decisión de cuándo mostrar y cuándo contar suele basarse en qué cosas son importantes y qué cosas se pueden saltar. Normalmente se cuenta cuando se quiere pasar de una escena a otra: si pasan dos semanas no voy a relatarte las dos semanas si no son importantes.

    Si lo pensáis, cualquier libro podría contarse en una frase, o podría alargarse en una decalogía. Yo os puedo decir: “Frodo cogió el anillo, fue a Mordor y lo tiró al Monte del Destino”, u os puedo contar al detalle absolutamente todo lo que hizo Frodo cuando estuvo viviendo con Elrond, cómo comía, cómo se bañaba y cómo dormía. A la hora de poner un capítulo, lo que hay que pensar es en si es necesario haber mostrado esa escena o no. Si yo te quiero mostrar cómo la Señora X discute con su mejor amiga antes del examen, y luego durante el Baile de Primavera se encuentra al chico que le gusta, tendré que mostrar lo primero, contar que luego hizo un examen en  vez de mostrarlo, y volver a mostrar para lo último.

     A la hora de mostrar también podemos enseñar cosas del personaje sin contarlas. Los secretos o el pasado del personaje pueden venir a su cabeza sin tener que decirlos literalmente. Por ejemplo, pongamos que la Señora X mató a su hermano, que ahora resulta que es un zombie. Pero el lector no lo sabe. Y pongamos también que el trabajo de la Señora X es maquillar cadáveres. Este secreto lo puedes dejar ver poniendo una frase como: “A veces veía la cara de su hermano en el cuerpo que estaba maquillando”. Esto es una forma de ir dejando caer, de anticipar, algo que ya ha pasado pero que vamos a contar después.

    Otra forma de hacerlo es consiguiendo que el lector relacione ciertas cosas con algunos hechos, de manera que cuando otro personaje piense en ellas, el lector ya sepa qué está ocurriendo sin que se lo expliquen. Por ejemplo, en El Camino de los Reyes, de Brandon Sanderson, existen unas espadas conocidas porque sus dueños pueden invocarlas cuando quieran esperando diez latidos de corazón. Sanderson te ofrece esta información reiteradas veces a lo largo del libro y, al final, un personaje que el lector no sabe que tiene una espada alza una mano y espera diez latidos. Luego decide no hacer nada, y no pasa nada. Pero el lector ya ha entendido la referencia y sabe que ese personaje tiene una de estas espadas, y que lo está guardando en secreto.

 


    Conclusión

Lo más importante a la hora de crear un personaje es darle profundidad y hacerlo realista: las claves para lograr esto son, principalmente, que tenga debilidades y fallos, habilidades y cosas que quiere y aún no tiene que le hagan mover la trama. También es importante tener en cuenta lo que el personaje haría para no forzarle a hacer cosas que se salgan de su personalidad o su forma de actuar solo porque a nosotros nos viene bien por la trama externa.

Para crear un personaje se pueden probar diferentes métodos. Es posible combinarlos, usar varios o usar solo uno. Recordad siempre que cada escritor tiene su propia forma de trabajar y que todas son válidas: elige la que más te guste y la que mejor te funcione, ¡y a escribir!

Leave A Comment